El Crash del 2007

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  • Autores: Josu Imanol Delgado y Ugarte y otros
  • ISBN: 9788416921096

ÍNDICE

  • AGRADECIMIENTOS.
  • PRÓLOGO. Juan Verde Suárez.
  • PRESENTACIÓN. Arcadi Oliveres i Boadella.
  • AÑO 2007. Comienzo del Crash del 2007.
  • AÑO 2008. La continua amenaza de subida de los tipos de intervención de Trichet.
  • AÑO 2009. La Extensión del Problema.
  • AÑO 2010. La Errónea Previsión de una Salida del Crash del 2007 en W.
  • AÑO 2011. Estados Unidos de América pierde la AAA del Rating y casi Suspende Pagos.
  • AÑO 2012. Se continúa Destruyendo el Estado de Bienestar en aras de su Erradicación.
  • AÑO 2013. Anuncios de Salida de la Depresión en el año Venidero.
  • AÑO 2014. Contratación de Más Funcionarios y Previsión de otra Recaída Económica.
  • La Tremenda Crueldad del Crash del 2007.
  • El Nuevo Paradigma Social , Político y Económico.
  • El Crash del 2007 en Gráficas  .
  • EPÍLOGO  Santiago Martínez Suárez.
  • Escritos de interés relativos al Crash del 2007.

INTRODUCCIÓN

El libro que en estos momentos tiene ud. en sus manos , pretende ser un trabajo divulgativo y descriptivo apoyado en la Investigación y el Análisis , más completo , de lo que ha venido siendo esta Depresión Económica , que tuvo su inicio en el año 2.007 . Ha sido candidato al Premio de Investigación Social Realizada , otorgado por la Fundación Foessa , por la Investigación y el Análisis contenidos en él ; pretendiendo , además , ser la Historia real de lo que se ha venido a denominar como El Crash del 2.007. Pues he seguido atentamente la Depresión Económica desde su inicio , como ya lo atestigua lo publicado en contra de las continuas subidas de Tipos de Interés de Intervención del B.C.E. por aquel entonces . Y ya en el año 2011 la descripción clara , en otro artículo , de la manera de poder salir de la Crisis Económica que padecía España . En el año 2013 decidí escribir una obra que reflejara y explicara lo ocurrido y que , además , tuviera la condición de que la pudiera entender cualquier persona , sin necesidad alguna de poseer ningún tipo de conocimiento mínimo previo sobre Economía . Y todo ello , como no podría ser de otra manera , intentando que fuera con la debida mayor rigurosidad  profesional . Lo empecé a escribir en la Primavera del año 2.014 ; y se unió un tiempo después a la co – elaboración de la Obra Noemí Fariñas , como apoyo a todo el acopio documental necesario y también para la formulación de las preguntas  que iban a ser contenidas en él . Y posteriormente se incorporó Miguel Ferreira para realizar el capítulo, que se encuentra más adelante, relativo al nuevo Paradigma Social , Político y Económico .  Este trabajo recoge también los Hechos Económicos más preponderantes , a mi juício , que han venido ocurriendo desde el año 2.007 hasta el año 2014 , año a año y mes a mes ; exponiéndolos de una manera lo más amena posible , contando además , para ello , con el apoyo de gráficos . Y también respondiendo , amplia y directamente , a una serie de preguntas , que en concreto son 37 , contestadas por Josu Imanol Delgado y Ugarte , que se formulan al hilo de todos hechos acaecidos, precisamente en cada año , que con sinceridad , pienso que en su mayoría , bien pudieran llegar a ser las preguntas que cualquier persona se haría , después de ver todo lo ocurrido . Y que espero , sinceramente , que le puedan dar luz al respecto a Ud. , y a todo aquel , que se encuentre interesado , en conocer de qué manera han afectado a nuestras vidas , todas las Medidas Económicas adoptadas , a lo largo de todo este tiempo por los diversos gobiernos , tanto de Estados Unidos de América , como de Europa . También cabe decir que no se puede sustraer a destacar que reitera en dichas respuestas , algo que ha venido señalando , desde hace algunos años, sobre la fragilidad existente , en la actualidad , en la denominada como Ley de Okun, que la va a invalidar finalmente , por mor de la Desigualdad y la concentración en el lado de la Oferta , coadyubada por lo que ha denominado como Maquinismo , explicándolo además de una manera muy sencilla , y que hay que destacar que resulta ser el primer economista que la señala .

Además , presenta , como diferencia , también novedosa , sobre todos los libros ya publicados , en lengua castellana , sobre la Historia de esta Crisis Económica ; una proyección sobre el posible Devenir , en lo relativo a los nuevos Modelos de Sociedad , Políticos y Económicos , que pueden llegar a ser previstos y que se puedan llegar a desarrollar, a tenor de lo que por lógica , actualmente , se alcanza ya observar , aunque sea de una aún manera incipiente .

Este libro hay que señalar que fue acabado al inicio de la primavera del año 2.015 , por lo que será susceptible más adelante en el Tiempo , dado que , desafortunadamente , este Crash del 2007 no ha finalizado , de ser pertinentemente ampliado e incluso , previsiblemente , llegar a ser corregido posiblemente en algunas de las consecuencias y previsiones que se han podido llegar a  describir y se han expuesto en él , en estos momentos , que se hayan podido derivar de las posteriores Medidas Económicas y Financieras , nuevas , que han sido adoptadas por los gobiernos del momento , en un futuro . Ya que cabe señalar que sobre todo en los años 2.013 y 2.014 , lógicamente , por la falta de perspectiva temporal histórica , puede llegar a ocurrir que muchas de esas consecuencias señaladas no se hayan aún manifestado , en estos precisos momentos que estamos viviendo . Y que por todo ello , puedan darse lugar , también , a modificaciones en los Paradigmas Sociales , Políticos y Económicos que han sido descritos , que se puedan , lógicamente , prever y que se encuentran señalados en esta Obra.

  Josu Imanol Delgado y Ugarte

PRÓLOGO

En el año 2007 Isidro y Moisés, dos abuelos que vivían en Soria, impartían clases de economía doméstica en un vídeo que se popularizó años más tarde en la red. En él, uno de ellos reflexionaba de la siguiente manera: “Decía un tío mío: no hay bien que siempre dure. De lo malo a lo bueno se va bien. Pero de lo bueno a lo malo, ¡ay qué mal se va! Y es lo que va a venir”. Los dos ancianos fueron clarividentes mientras economistas, dirigentes e importantes brokers miraban para otro lado; la gran crisis se cernía sobre Estados Unidos y Europa sin que nadie pareciese atisbar lo que se avecinaba. Pero ahí empezó a tambalearse todo el sistema económico, que creíamos consolidado hasta ese momento, y se dio el pistoletazo de salida a la mayor crisis económica vivida en los últimos 70 años.

Todavía muy reciente en el tiempo, se echaba en falta un estudio riguroso que analizase por qué el año 2007 había entrado a formar parte en la historia de la economía mundial.  Lo que vino después, todos lo hemos vivido –sufrido en el peor de los casos- pero a veces hemos pasado por alto algunos detalles que resulta imprescindible conocer. Por eso es crucial prestar atención a la obra que Josu Imanol Delgado y Ugarte, Noemí Fariñas Restrebada y Miguel A. V. Ferreira nos presentan. El lector encontrará en estas páginas todos los antecedentes, causas y hechos que desataron la debacle, así como un pormenorizado análisis de las cifras (gasto público, inflación, datos de desempleo, exportaciones etc.) que ayudará a entender, de forma matemática, lo sucedido. Por último, se responde – de forma muy didáctica- a muchas de las preguntas que nos han rondado durante este tiempo en la cabeza: ¿por qué sucedió?, ¿se pudo evitar?, ¿se adoptaron las medidas oportunas para la recuperación?¿estamos condenados a cometer los mismos errores?. A mí me queda poco más que aportar mis impresiones, fruto, la mayoría de ellas, de mi labor profesional, muchas veces muy cercanas al lugar donde explotó la burbuja del bienestar del que disfrutábamos hasta entonces, como bien apuntan los autores.

Los orígenes de esta depresión económica se remontan a años

atrás, a los años 80 y a las medidas económicas que se tomaron en la Reserva Federal norteamericana, presidida en aquellos días por Alan Greenspan. Josu Imanol, Noemí y Miguel hacen un análisis pormenorizado de cómo se fue creando el caldo de cultivo para que en el año 2007 las instituciones financieras, primero en Estados Unidos, luego en el resto del mundo, sufrieran un varapalo que repercutió en la salud económica mundial. Como el Crash del 2007 tuvo su origen en los Estados Unidos de América, los ciudadanos de aquel país fueron, lógicamente, los primeros que sufrieron el envite mientras en Europa apenas se dieron cuenta de esta preocupante nueva situación. De hecho, hasta enero de 2009,  el Banco de España no reconoce que España ha entrado en fase de recesión económica, una situación que nuestro país había vivido en el año 1993 por última vez.  De todas formas, una vez más, se volvió a hacer patente una idea que he comprobado al estar en permanente contacto con los dos lados del Atlántico, que nuestras economías están absolutamente entrelazadas, dependen la una de la otra, cuando una se resiente la otra tambalea, cuando una se hace fuerte, la otra comienza a apuntalarse. Hemos comprobado cómo las fronteras se dinamitaban y que, el seísmo que se producía en Estados Unidos se extendía como la pólvora por el Viejo Continente. Así hemos sido conscientes de que los escollos se salvan sólo si se unen fuerzas. No concibo una recuperación económica, ni volver a la senda del crecimiento, sin una Europa fuerte, unida y estable. Pero tampoco la entiendo sin la participación de Estados Unidos en la planificación y el desarrollo de la solución. El presidente Barack Obama siempre ha manifestado su apuesta por fomentar una mayor integración económica y financiera. Por último, durante todo el proceso ha habido una gran preocupación en Estados Unidos por lo que ocurría en Europa, la crisis ha generado un sentimiento de urgencia en las relaciones bilaterales que requieren respuestas rápidas y una mayor colaboración de los actores situados a ambos lados de Atlántico.

Tras hacerse patente la hecatombe, Estados Unidos comenzó a aplicar medidas para paliar los efectos de la crisis. Se bajaron los tipos de interés y se prestó ayuda al sector bancario, medidas que tiempo después se adoptaron en España. Cuando en 2012 trabajé

para la campaña de reelección del presidente Obama, los medios de comunicación españoles me preguntaban sin descanso si la incipiente recuperación de la economía norteamericana jugaría a favor de la permanencia del Presidente otra legislatura. Las urnas dejaron en la Casa Blanca al hombre que había logrado iniciar la recuperación. Porque ésta, sin duda, resultaba patente. Entonces ya se habían recuperado cuatro millones de empleo de los ocho que se habían perdido y la Bolsa estaba en índices cercanos a la pre-crisis. Y todo esto gracias, entre otras medidas que desgranan los autores, a que se había apostado por invertir en sectores estratégicos y eso iba dando sus resultados; de hecho fue en esos momentos cuando se hizo un mayor gasto público en investigación y desarrollo en el país norteamericano. En Europa, sin embargo, se optó por la austeridad y la disciplina fiscal para lograr salir de la recesión que, parece, comienza a dar sus frutos.

Los autores observaban – a finales del 2014, fecha en la que se finalizó el análisis de los datos que se incluyen en este libro – una mejora en los datos económicos en nuestro país. Sin embargo hacen un exhaustivo e interesante examen de las consecuencias que ha tenido para la población el Crash del 2007, unos efectos colaterales que ellos denominan “la tremenda crueldad del 2007”. Josu Imanol Delgado y Ugarte, uno de los autores, subraya que la crisis económica ha arrasado con el empleo, precarizado los salarios (hasta el punto de que las familias no logran llegar a fin de mes), destruido riqueza, se ha dificultado el acceso a la educación no obligatoria y a las prestaciones sanitarias. Y pone un ejemplo muy clarificador que me permito avanzarles, “el nueve por ciento de los españoles se encuentran en lo que se viene denominando como Pobreza Energética. O sea, exponiéndolo en valores absolutos, esto es más de cuatro millones de personas, de todas las edades, que no pueden encender la calefacción en el invierno”. En España se ha impuesto pues una política de austeridad y de recortes que ha tenido una importante repercusión en soportes tan vitales de una sociedad como el sistema educativo. Bajo mi punto de vista esto supone un error ya que, coincido con los autores en que lo último que hay que restar recursos, es en educación en I+D+i, y en el desarrollo del talento humano.

En otro orden de cosas, la visión de un mundo global que ha implicado la recesión, tiene un lado positivo bajo mi punto de vista, ha acabado con uno de los grandes problemas que acucian al mercado de trabajo español, la falta de movilidad de sus trabajadores. Lo considero un fenómeno preocupante y espero que esta experiencia arranque esos aspectos culturares que arrastramos los españoles. Aunque resulta evidente que a nadie le gusta tener que dejar su casa, su familia y su país, coger las maletas no tiene porqué ser algo negativo en sí mismo. Los jóvenes de hoy en día, a diferencia de los emigrantes de hace cincuenta años, viven en un mundo globalizado y estar fuera les hará más competitivos ante un mercado laboral cada vez más exigente.

No me queda más que alabar a los autores por el estudio pormenorizado de un fenómeno de tan magna importancia como el Crash del 2007. Aquí, el lector, encontrará todas las claves para entender lo que ocurrió, y también comprender que la crisis económica es un momento de oportunidades que requiere dos cosas, exigir a los políticos valentía para que cambien lo que no está funcionando, y por otro, voluntad política para hacerlo.

De todas formas, y para dejar un lugar a la esperanza, coincido con los autores que estamos mejor que hace unos años y que el país ha tomado la senda crecimiento. Además, hay una frase de Joe Biden, Vicepresidente de los Estados Unidos, que me gusta mucho: “No nos compares con Dios, compáranos con la alternativa”. Y me van a permitir una licencia, voy a parafrasearme y diré que ahora más que nunca, “querer es poder”, hay que aprender de los errores y salir del trance cuanto antes. Albert Einstein decía que “la crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque trae progreso”. Ojalá el sufrimiento que ha traído a la población esta crisis se salde, cuanto antes, con un balance positivo. Que sepamos ver las oportunidades, que prime el conocimiento, la imaginación y un espíritu valiente y emprendedor. En estas páginas podemos encontrar el primer impulso porque, sólo conociendo los errores cometidos, podemos evitar volver a tropezar en la misma piedra.

         Juan Verde,  Ex Subsecretario de Comercio para Europa del Gobierno de los EEUU. Asesor económico y político de numerosos gobiernos e instituciones.  Emprendedor y apasionado defensor de causas sociales.

PRESENTACIÓN, Arcadi Oliveres i Boadella

Analizar procesos para evitar repeticiones

La crisis que las economías occidentales vienen padeciendo en los últimos años y cuyas consecuencias de sufrimiento personal y social son tan graves, que bien merece ser examinada, valorada y, si hace falta, recibir opiniones que la subviertan. Este es precisamente el intento de los capítulos que podemos leer y que nos permitirán reflexionar a continuación.

En efecto, Josu Imanol Delgado y Ugarte y los demás autores han realizado un esfuerzo que entremezcla un exámen pormenorizado y una valoración crítica de los acontecimientos y situaciones vividas en el ámbito económico, y consecuentemente social, en el período comprendido entre los años 2007 y 2014.

El amplio abanico considerado comprende desde los inicios de la crisis, que aunque enraízan en desregulaciones anteriores, se acostumbra a ubicar en el auge de las hipotecas subprime y otros productos financieros tóxicos, hasta la reciente falsa hipótesis de la recuperación, de la que tanto se ha hablado en los últimos meses.

Vale la pena seguir en detalle la evolución de la coyuntura financiera durante estos años, repleta de rescates con dinero público, de constantes presiones realizadas por las agencias de calificación, de evoluciones insensatas de las primas de riesgo, de inyecciones de liquidez por parte de los bancos centrales, de aparición de la Troika y de sus programas de ajuste, de las debilidades de la zona Euro y de la posición de los llamados paises emergentes.

La comparativa entre los distintos paises, la pormenorización en el caso español y la aparición de las cuestiones más relevantes, habilmente presentadas en formas de diálogo entre Ugarte y Fariñas, nos permiten acercarnos de una manera profunda y sencilla a la vez, a los retos que, uno tras otro han ido apareciendo con el paso del tiempo.

Especialmente sugestiva resulta la explicación de lo que los autores, acertadamente, definen como la “crueldad” de la crisis y que aparece inexcusablemente en la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, en el incremento en los diferenciales de renta, en el renuente aumento del paro, en  la afectación cada vez mayor de la pobreza energética, en los crecientes niveles de exclusión social, en la reducción de las prestaciones sanitarias y educativas del estado del bienestar, en el constreñimiento del sistema de pensiones, en la precariedad de los servicios públicos y  en la obligada intervención de las instituciones  privadas de beneficencia. Todo ello nos permite aventurar que el actual modelo imperante se halla lejos de responder al requisito primero de cualquier  sistema económico cual es la satisfacción de las necesidades de la población. La conclusión, logicamente, no puede ser otra que la engañosa voluntad de los poderes fácticos y de los medios de comunicación a su servicio para hacernos creer que el sistema se ha repuesto de sus deficiencias cuando resulta que se trata probablemente de un sistema de difícil restablecimento.

Quizás para tomar verdaderamente la medida a la situación actual deberíamos en primer lugar dotarnos de instrumentos acertados de cálculo. Basar todas las explicaciones sobre el estado de la economía en unos ligeros aumentos del PIB, significa desconocer la debilidad de esta variable. En primer lugar porqué tan solo mide flujos y no estocs y en segundo lugar porqué nos habla de producción y no nos dice nada sobre la distribución de la renta. Afortunadamente y desde 1991 las Naciones Unidas se dieron cuanta de tales debilidades y crearon el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que incluye en sus estimaciones no tan solo al nivel de renta sino también a los parámetros educativos y sanitarios de la población. Tales parámetros se hallan además en período de revisión por parte  del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que pretende añadir como nuevos elementos simbólicos a la condición de la mujer, a los umbrales de la pobreza y a las connotaciones ambientales.

Vistas las cosas con estas nuevas perspectivas, nos daremos perfectamente cuenta de que hacen falta todavía muchas transformaciones tanto de fondo como de forma. Podríamos señalar algunas de bien urgentes. Una primera de entre ellas debería intentar frenar a los mecanismos especulativos que son sin duda los grandes responsables de la crisis que estamos estudiando. La regulación de los mercados financieros, desbocados gracias a las nuevas tecnologías e insertos en la  creación constante de  valores cada vez más etéreos debería ser una primera  medida necesariamente acompañada de un impuesto tipo “Tasa Tobin”  que tendría el doble efecto de frenar las aventuras estrictamente lucrativas y consolidar al mismo tiempo una importante fuente de recursos para la comunidad internacional. La necesidad de la progresiva aparición de bancas éticas, acudiría como complemento a tales nuevas maneras de hacer.

En paralelo a lo dicho debería pensarse en la progresiva desaparición de los paraísos fiscales, refugio de operaciones clandestinas, del mercado negro, y que coartan a los paises víctimas para que no puedan mantener las prestaciones el estado del bienestar. Todo ello sin duda, debería ser reforzado mediante acciones que redujeran al máximo el fraude fiscal interno.

Y quizás seguramente también debamos ir pensando en nuevas formas de organización del trabajo que nos permitan eliminar el paro en general y la desocupación juvenil en particular, como primer elemento destacado entre las consecuencias de la crisis. Un sencillo análisis histórico nos constata, en el mundo industrializado, una progresiva reducción de la jornada laboral, facilitada hasta la fecha por los constantes y notables incrementos en la productividad. En los últimos treinta años sin embargo, la aparición del llamado capitalismo neoliberal ha trasladado  los beneficios en los aumentos de productividad hacia la remuneración del capital y no del trabajo.

Reparto del trabajo, impulso a nuevas formas de economía social y solidaria, eficaces leyes de dependencia y un intenso retorno al sector primario y a las economías de proximidad, deben ser forzosamente nuevos requisitos .

Es otro enfoque de la economía  aquel que justificarà una salida de la crisis y en este nuevo enfoque ha de tener forzosamente cabida una orientación de carácter medioambiental que entienda que la limitación en los recursos, la desaparición de la riqueza en la fauna y la flora, la disminución de los acuíferos, la contaminación, la desertización y otros muchos condicionantes, de no tenerse en cuenta, nos conducirán a una crisis mucho mayor que la que nos ha venido preocupando en estas páginas.

Por todo ello, por el esfuerzo de reflexión, por la aportación de datos y por el deslinde de las informaciones pertinentes, hemos de agradecer el más que loable esfuerzo de unos analistas que entienden a la economía como un instrumento al servicio de las personas.

 

EPÍLOGO, Santiago Martínez Suárez

Epilogar un libro como este de Josu Imanol , Noemí y Miguel sobre El Crash del 2007 no es tarea fácil, máxime cuando versa sobre una materia que, por más que uno tenga afinidades con ella, no deja de moverse en un marco que ciertamente no es el de la especialidad propia, por más que se esté familiarizado con los términos y conclusiones manejados y descifrados en él. Por lo demás, más que epilogar a modo de resumen-conclusión, tarea que dejo si acaso para quienes hayan de ocuparse de las imprescindibles recensiones críticas de la obra, yo me inclinaré por hacerlo buscando resaltar algo tan importante como es la comunicación en todo momento y más si cabe en el marco de una crisis global como la actual.

Precisados estos antecedentes, podemos observar cómo la comunicación y la estrategia políticas  siempre se ven afectadas por la economía;  al fin y al cabo, en nuestras sociedades, sufrimos cada vez más la tiranía de las cifras económicas. Ellas deciden y rigen gobiernos, penetrando en las mentes de las personas y estimulando a unos y otros a pensar y decidir de un modo u otro.

La fuerza de esta realidad me hace recordar a James Carville,  asesor principal de la campaña de Bill Clinton , mentor de aquella frase utilizada, en 1992 , en su lucha contra George Bush padre, que pasaría a la historia: “It’s the economy, stupid”. Con ella dio lugar a un leiv motiv de campaña que haría historia. Su mensaje es tan claro que no merece traducción. ¿Verdad?

La actual crisis, que arrastramos cansinamente ya desde 2007, resulta un claro exponente del valor permanente de tan indiscutible locución. Y por ello, es de agradecer la aparición de obras como esta, en la cual se explica de modo certero el devenir de los hechos que han acontecido durante la misma, y sus consecuencias. Poder ver con perspectiva si las decisiones, declaraciones e intervenciones tomadas por  los diferentes agentes económicos y de poder fueron acertadas o no, es algo que  resulta de un inestimable valor para aprender de los muchos errores y escasos aciertos habidos durante estos críticos años.

Como toda crisis, esta que nos toca vivir se convierte en tema principal de las charlas de café, en la calle, en el trabajo, etc. No hace falta ser un experto de la teoría de la agenda setting para darse cuenta de la estrecha relación entre lo que los medios de comunicación publican y emiten y lo que la opinión pública piensa. Incluso, cómo bien se afirma en las páginas del libro, llegando a provocar cambios de gobierno en un muy amplio número de países, sea cual sea su color político de estos.

En España, como es bien sabido y padecido, percibimos la crisis como un mal sueño, el mal sueño de una persona que se acuesta creyéndose rico y se levanta descubriendo cómo, por una parte, apenas le queda dinero en la cuenta personal y, por otra, los tiburones financieros acechan su patrimonio, tanto  en la esfera privada como en la relativa a  la parte alícuota social del  patrimonio público que históricamente ha contribuido a conformar. Y es que además de la tiranía de las cifras, están  las crudas realidades de un sin número de familias cuyas historias, con el paso de las semanas, iban dando cuerpo en la prensa a los cada vez más fríos números. Esas familias y millones de ciudadanos a los que insistentemente se les decía que había que abrocharse el cinturón, que habían gastado más de lo que podían.

Como profesional de la comunicación, siempre me llamó la atención la facilidad con que se fue expandiendo un complejo de culpa colectivo fruto de un poderoso virus para el que no parecía haber vacuna para prevenirlo ni medicación para paliarlo. Allá donde fuéramos nos topábamos con el mismo mantra: “vivimos por encima de nuestras posibilidades”, “los excesos se pagan”, “nos creímos nuevos ricos”, “y ahora toca apretarse el cinturón”. Podríamos debatir largo y tendido sobre de quién es la culpa, si del ciudadano o de las instituciones u organizaciones que le pusieron el cinturón no solo a la cintura sino en ocasiones quizás en el propio cuello.

Y ya que hablamos de palabras, suelo decir que en toda crisis siempre hay un problema en la cocina, la gestión, y un gran problema en el comedor, la comunicación. Sin duda, aun estando ante dos problemas, el del comedor es el más importante. En efecto, si lo pensamos bien si el problema no sale de la cocina los comensales nunca llegan a enterarse, pero si este sale de ella y además no se gestiona bien, la crisis se agravará de forma exponencial.

Todo líder debe dominar la situación. En cuanto el rebaño, la manada, observa que su líder no solo pierde el control de la situación sino que incluso es dominado por ésta, empieza la estampida. Así de instintiva es la naturaleza humana. Al fin y al cabo no dejamos de ser seres gregarios necesitados de liderazgos, máxime durante situaciones tan críticas como la de un crack económico.

Esta crisis evidenció también que una adecuada comunicación resulta vital para minimizar y contener sus daños; su falta no hace sino aumentarlos de manera exponencial. Los políticos lo saben y por eso siempre surgen estratagemas y tácticas para intentar ocultar la realidad de los hechos, cuando estos no les favorecen.

No estamos ante nada nuevo. Se viene haciendo desde la Grecia clásica e incluso me atrevería a decir que desde tiempos de los sumerios, pues no falta  quien dice que todo había sido inventado allí hace más de cinco mil años. Por lo tanto, el qué decir, el arte del saber decir y no decir, viene siendo algo tan viejo como el hombre. La manera bonita de llamarlo ahora es lingüística cognitiva, también conocida como el poder de las palabras. Es este un  tema que me apasiona. Para ilustrarlo me gustaría contarles un cuento:

Érase una vez, un Sultán que soñó que había perdido todos los dientes. Al despertar, ordenó llamar al hombre más sabio del reino para que interpretase su sueño.

– ¡Qué desgracia Mi Señor! -exclamó el Sabio- Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.

– ¡Qué insolencia! – gritó el Sultán enfurecido. ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!

Llamó a su guardia y encargó que le dieran cien latigazos.

El Sultán siguió padeciendo noche tras noche el mismo sueño, y mandó que le trajesen al hombre más sabio del reino vecino, y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

– ¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes.

Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro.

Cuando el mullá salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

– ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer Sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

– Recuerda bien amigo mío, respondió el Sabio, que todo depende de la forma en como se dicen las cosas.

Todos somos susceptibles de ser manipulados por medio de las palabras. Así, sirvan como ejemplos, usamos términos como “sistema penitenciario” en vez de “cárceles”. Decimos “centros de inteligencia”, en vez de “servicios de espionaje. Ya no se dice “aborto” sino “interrupción voluntaria del embarazo”, y a una “intervención militar” o “guerra” se le ponen nombres tan exultantes como “acciones destinadas a construir una paz duradera”.

¡Y ya que estamos con un epílogo de un libro de economía! ¿Cuántas veces hemos oído, incluso en boca de grandes especialistas y gurús de la economía… el concepto decrecimiento negativo? ¿Acaso se puede crecer en negativo? No soy un experto en matemáticas financieras, pero entiendo, lógica de Perogrullo, que para crecer siempre hay que tener guarismos positivos crecientes. Incluso una fundación de un conocidísimo banco español ¡justifica este término! si bien recomienda decir mejor decrecimiento. Es sin duda un eufemismo de gran éxito, que ejemplifica cómo uno puede alterar la percepción de la realidad a través de las palabras. La realidad no es la que es sino lo que la gente aprecia y si no se puede cambiar la realidad se puede intentar alterar la percepción de la gente.

Llegados a este punto, recuerden ahora a ZP, sí al expresidente José L. Rodríguez Zapatero, evitando decir la apestada palabra: crisis. De hecho, fue noticia, el 8 de julio del 2008, cuando el expresidente mencionó por primera vez la huidiza palabra. Ya que hasta ese momento él prefería hablar de moderación del crecimiento, desaceleración transitoria o de desaceleración transitoria más intensa. Y, de haber estado entonces más de moda Twitter, tales recursos hubieran sido trending topic.

Estamos ante ejemplos bien valiosos que nos ponen de manifiesto  cómo en una crisis, la realidad suele superarnos de tal manera que las habituales técnicas de gestión comunicativa (eufemismo de manipulación) no funcionan. Es algo inherente a una crisis el no poder dominar fácilmente ni la realidad ni las percepciones de la misma.

Y entonces uno se pregunta por qué suele predicarse la negación de una realidad palmaria, así sea cuando menos para el experto, justamente lo contrario de lo que el sentido común indica que debe hacerse. Por norma general, en una crisis, nunca debe ser negada la crisis misma. Aceptándola, al menos de ese modo se ofrece honestidad y cercanía, dando lugar así a la empatía necesaria para producir una sensación inicial de seguridad y control.

En este plano de la comunicación, siguiendo a los autores de este libro,  aportaré, a mayor abundamiento, una recopilación  no de hechos sino de frases célebres que, a mi modo de ver, no tienen desperdicio en cuanto a visiones de una aproximación bien disimulada de una realidad.

Pedro Solbes:

– 25 de abril de 2007: “Yo no veo afectado para nada el sector de la construcción. Específicamente, sigue funcionando igual, con una ligera desaceleración que permite ajustarse a una realidad que lógicamente va a exigir una demanda ligeramente inferior”.

17 de agosto de 2007: “Los efectos de la crisis hipotecaria estadounidense tendrán un impacto relativamente pequeño en la economía española”.

Asimismo, las siguientes de Rodríguez Zapatero :

– 3 de julio de 2007: “Lo enunciaré de forma sencilla pero ambiciosa: la próxima legislatura lograremos el pleno empleo en España. No lo quiero con carácter coyuntural, lo quiero definitivo”.

– 6 de septiembre de 2007: “Tenemos la tasa de paro más baja de la historia. El modelo económico español es un modelo internacional de solvencia y eficiencia”;.

11 de septiembre de 2007: “Haciendo uso de un símil futbolístico, se podría decir que España ha entrado en la Champions League de la economía mundial”.

– 16 de octubre de 2007: “No hay atisbo de recesión económica. La economía española tiene muy buenos fundamentos”.

Pero mi preferida es la del 21 de agosto de 2007, en la cual Rodríguez Zapatero reza: “España está totalmente a salvo de la crisis financiera”.

¿Cómo es posible afirmar algo así, cuando se supone que cuentas con la información más directa y segura de lo contrario? Y aunque lo pienses, no te expongas y aventures tal cosa, porque como ocurra que la situación vaya a peor se te echará todo en tu contra. Los hechos posteriores sucedidos en España demostraron una vez más, que en cuanto se abre la boca, la realidad te supera. Hay cosas que en una crisis no podemos dominar. Aceptarlo desde un principio debiera ser la primera máxima.

Cuando la gente percibe una cosa diferente de lo que sus dirigentes declaran, la disonancia suele ser tal que, en nuestro caso, ella dio lugar como castigo a un cambio de gobierno en 2011 sin apenas esfuerzo para el nuevo presidente Mariano Rajoy. Nunca un candidato había ganado con tan poco esfuerzo, y de modo tan palmario, unas elecciones. Rodríguez Zapatero y su burda negación de la realidad le estaban haciendo ya la campaña a Rajoy desde 2007.

Así que en 2011, en España tenemos nuevo presidente, y uno suponía que este hubiera aprendido la lección. Pero… el candidato que dijo que como presidente su gobierno le hablaría claro y directo a los españoles, muy al contrario, ha venido haciendo gala de todo un alarde de escapismo comunicativo. Recordemos sino los debates relativos a la discusión sobre si hubo rescate o no. Si el presidente saliente evitaba la palabra crisis, el entrante obviaba la palabra rescate.

De hecho, asistimos a toda una experiencia de fracking lingüístico por parte del Gobierno. El rescate era denominado como préstamo, línea de crédito, apoyo financiero, inyección de fondos, recapitalización, o la más gráfica, chollo. La situación, un tanto esperpéntica, fue tal, que el propio New York Timesparodiaba al Gobierno español con su artículo titulado, “Tú dices tomate, yo digo rescate”1.

Durante estos últimos años, como ciudadanos, hemos tenido que oír, ítem más, cosillas como que los recortes son ajustes, que el despido es desvinculación, que la precariedad laboral se llama flexibilización del empleo o desregulación del mercado de trabajo. Ahora pagar dos veces la medicación es un copago (¡Gracias, pero ya los he pagado la primera vez con mis impuestos!); mejor sería decir repago. Y cuando emigras realizas un acto de movilidad exterior… Pero si lo que estamos describiendo es malo, peor es tener que aceptar que si George Orwell levantara la cabeza, vería que la Neolenguaparece haber llegado con una férrea voluntad de quedarse irremediablemente entre nosotros2.

Por todo ello, no resultará extraño que, en esta situación de carestía, empobrecimiento y de reiterada mala gestión de la crisis por parte de los sucesivos gobiernos, hayan emergido nuevas formaciones que por primera vez hacen peligrar el statu quo político en España. Se trata de organizaciones lideradas por personas jóvenes como Pablo Iglesias, Alberto Garzón –con su organización ya anterior– o Albert Rivera que saben transmitir y superan con mucho las habilidades comunicativas demostradas por la clase política española hasta el momento. Ello les ha permitido conectar mejor, diciendo las cosas del modo en que lo perciben los ciudadanos y no al revés.

¿Se consolidarán estas fuerzas políticas emergentes o por el contrario serán flor de un día, una vez que se empiece a salir de la crisis? Es probable que su desaparición no ocurra, puesto que no se saldrá de la crisis del mismo modo en como entramos. Como bien se apunta en el libro, este bucle económico-temporal ha cambiado el suelo que los ciudadanos pisamos y no nos damos cuenta de ello. La sociedad del siglo XXI actual impone nuevos retos muy diferentes a los del siglo XX. El bienestar ya no podrá ser sustentado solo por los estados, sino que confluirán con este otras organizaciones llamadas a suplir sus carencias. Los modelos de interacción social, empleabilidad y movilidad cambian a marchas forzadas a la misma velocidad que un flujo de bits de información puede dar la vuelta al mundo y cambiar la realidad, gobiernos, opiniones y hábitos.

Ahora bien, también se abren esperanzas. El ciudadano está convirtiéndose en el quinto poder, de tal modo que ya no es solo un simple receptor de la información sino que además participa, escucha, opina, y genera opinión, la cual, a su vez, influye en más personas. La comunicación ya es interactiva, viral e instantánea. Las grandes corporaciones lo están viendo venir y están aprendiendo a adaptarse y, en consecuencia, a sacar beneficio de ello. Tarde o temprano, los gobiernos no tendrán más remedio que cambiar el chip decimonónico con que conciben su gestión comunicativa. En plena sociedad de la información todo es cambio constante, y los políticos están expuestos permanentemente. Cualquier ciudadano con un teléfono móvil puede convertirse en periodista improvisado. Antes, un líder tenía un día para pensar lo que decir e intentar asimismo controlar la información. Ahora, apenas cuenta con media hora. La información en si misma es una gran fuente de poder respecto de la que, sin duda, existirá siempre la tentación de refrenarla. Particularmente, me gusta decir que los políticos hoy en día viven en una situación de comunicación de crisis constante, ya que haya una causa que la genere o no, aquella sino presente está en cualquier caso presente en forma latente o subyacente, a la espera de emerger nuevamente, habida cuenta de que hoy en día es mucho más fácil que la chispa pueda prender en cualquier momento. Estamos, pues, ante una situación de alerta de crisis comunicacional .

Por último, me gustaría traer a colación aquí a Marco Tulio Ciceróncuando escribía que: “Un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”. ¿Hemos aprendido algo de esta crisis, hemos tomado las medidas adecuadas para superarla? ¿De verdad estamos intentando superarla o por el contrario estamos de nuevo cocinando, con los mismos ingredientes, la próxima –o próximas– crisis? . No olvidemos que el hombre es el único animal que tropieza dos veces –y aun más– con la misma piedra, y además, ¡por si fuera poco, le echa la culpa a la piedra!

Sin duda alguna, estamos ante un excelente libro que aporta a sus lectores un esclarecimiento de los hechos que jalonaron elcrack del 2007, ayudándonos a todos a tomar conciencia de la importancia de trabajar desde ya para evitar las futuras crisis que están por venir.  Y ello no solo para conjurar malas cifras, por no decir muy pésimas, sino que para evitar también que millones de personas se vean afectadas negativamente en sus vidas, con mucha frecuencia debido a la falta de autocrítica de aquellos que rigen nuestros destinos.

 

                                                                Santiago Martínez Suárez

Consultor político y Media trainer internacional

Profesor de oratoria profesional