La asignación óptima de los recursos

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La sociedad española está padeciendo, casi silenciosamente, la decisión de los políticos europeos de la imposición de una política económica que, sin duda, está haciendo que nos metamos en un hoyo más profundo si cabe dentro de la crisis que estamos padeciendo. Desde que Adam Smith, en 1776, publicara el primer libro sobre economía de la historia, afortunadamente hemos ido conociendo mejor esta ciencia. Pero todo apunta a que muchos de los que deben gestionar la economía, sobre todo en Europa, se olvidan de estas enseñanzas. Por lo que deberían tener más en cuenta la definición de economía: la ciencia que trata sobre la asignación óptima de los recursos.

Es evidente que en esta lamentable situación económica se deben adoptar medidas con rigor tendentes a racionalizar los recursos existentes, pero los recursos que deben racionalizarse jamás deben ser recursos estratégicos. La ciencia económica sabe perfectamente, después de más de 200 años de existencia, que la sanidad y la educación constituyen, sin lugar a ningún género de duda, parte de esos recursos estratégicos.

Por mor del recorte presupuestario impuesto por Europa, la sanidad está siendo objeto de unos recortes muy preocupantes, al igual que todo lo relativo a educación; no hay más que ver cuántos proyectos de investigación han tenido que ser abandonados. Se debe tener en cuenta que una población con problemas sanitarios resultará siempre, obviamente, menos productiva, y el gasto necesario para ello será sustancialmente mayor a medio plazo.

De la misma forma, una población insuficientemente formada no podrá competir aportando ideas innovadoras, capacidad de gestión, conocimiento etc., que sustenten el crecimiento económico, como en el caso de otra que se encuentre bien preparada formativamente en ese aspecto.

Y es por lo que se puede decir categóricamente que todas estas medidas que actualmente se están adoptando, ahora ya incluso con subidas de impuestos y sin considerar lo descrito sobre ello por Arthur B. Laffer en 1982, y anteriormente por Robert E. Lucas, ambos premios Nobel de Economía, van a ser muy perjudiciales para todos nosotros a medio plazo.

Si ha habido una teoría económica demostrada empíricamente es la que asegura que cuando no existe inversión privada, esta debe ser suplida por inversiones públicas adecuadas, como quedó de manifiesto en el crash del 29 y también en numerosos países posteriormente. Por qué se hace caso omiso a este conocimiento de la ciencia económica lo deberán explicar los dirigentes políticos actuales. Pues son bien conocidos todos los intervinientes económicos que realizan las transacciones en toda economía, y si extraemos de ellos al sector público, es palmario que faltarán transacciones económicas de vital importancia, por lo que el crecimiento económico se reducirá sin ninguna duda, como estamos observando.

Y la ciencia económica sabe que sin crecimiento económico no habrá creación de empleo, como lo describió el premio Nobel de Economía Arthur M. Okun en 1968, por mucho que nos digan que a través de estas medidas de reforma laboral centradas en la creación de contratos laborales se va a favorecer la contratación de trabajadores y reducir así el alarmante paro existente, cercano ya al 25%.

Pues ningún tipo de contrato laboral, aunque incluya un abaratamiento del despido, jamás ha conseguido ese objetivo, ni lo conseguirá. Además, se debe tener en cuenta que una ciudadanía que no tenga asegurado su futuro laboral, por lógica, se retraerá en su consumo, reduciendo siempre con ello la demanda interna del país.

Por todo ello estoy convencido de que se deberían volver a recordar muchos de los conocimientos de economía que hemos venido descubriendo a lo largo de todos estos años y ponerlos en práctica cuanto antes y no continuar adoptando políticas económicas que solo crean más paro, para no hacer que la población sufra más tiempo innecesariamente una situación sobrevenida.

Josu Imanol Delgado y Ugarte
Economista
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